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El idioma y los dilemas de la Identidad

sábado, octubre 02, 2004

Esta es una nota interesante de Yachay:

El lenguaje español es una lengua viva y en expansión, y una de las más habladas del planeta. ¿Cómo se formo? ¿Evolucionará a nuevos nombres y formas? ¿Las jergas y el spanglish, lo empobrecen o lo enriquecen?, ¿Terminara por extinguir a las lenguas indígenas que aún se hablan en el Perú? ¿Existe una norma lingüística, o sólo fenómenos diversos entregados al azar de la vida?

El español no terminó de conquistar el Perú

Para los conquistadores españoles, los nativos no sabían hablar. Gruñían, o -en el mejor de los casos- tenían una lengua bárbara, inferior y primitiva. Gente ruda y aventurera, Francisco Pizarro y compañía, carecían de la sutileza necesaria para encontrar en esas lenguas ignotas un sentido y un universo. Eran idiomas paganos, alejados de las lenguas latinas y gentiles del mundo regido por el dios católico. Debido a esa peculiaridad, que ante los ojos conquistadores aparecía como una minusvalía o un crimen, la labor evangelizadora incluyó como eje central la enseñanza del idioma de Castilla, lo que hoy conocemos como idioma español.

Así, esa lengua -que nació como una feliz perversión del latín- se introdujo junto a la cruz y la espada en estos territorios que con el correr de los años y las batallas se llamarían América y Perú. Podemos comprobar hoy que la labor iniciada por los conquistadores españoles no ha terminado. En algunos casos, ni siquiera continúa: las lenguas indígenas se han convertido, las más de las veces, en un objeto de estudio, curiosidad y hasta de protección. En pleno siglo XXI -mientras el español es plenamente afectado por los términos ingleses provenientes de la revolución informática- se hablan en nuestro país decenas de lenguas nativas. Cada una de éstas guarda o esconde, en su sintaxis o semántica, otra concepción del mundo, un eco de otra manera de mirar las cosas, un espíritu diferente.

Sin embargo, estas lenguas nativas languidecen bajo las lupas de los estudios de investigación, ensimismadas frente a la curiosidad occidental o enfrentada a la abrumadora vigencia de una cultura "en español". Si el idioma español -temen los amantes de la lengua de Cervantes- cede terreno ante el inglés, podemos imaginar la suerte que corren los idiomas indígenas o nativos: no sólo ceden mucho más terreno, sino que se empiezan a extinguir. Muchos miles de personas hablan esos idiomas, manteniéndolos aún vivos, pero la suerte, evolución y permanencia de un lenguaje está ligada a la comunidad que se inventa con él. Sin ir muy lejos, en la sierra del departamento de Lima, existe una lengua en peligro de extinción. ¿Qué actitud podemos tomar? Por un lado, se puede caer en actitudes paternalistas; por otro, en un pleno apoyo a la labor "civilizadora" que Francisco Pizarro y Cía. no concretaron. El término medio, en este caso, sí existe, y pasa por reconocer que un idioma no se mantiene vivo por decretos sino porque se habla. Y que, cuando se habla -y cuando se mezcla con otros- es toda una riqueza cultural...




Jergas y Spanglish: ¿Impureza degradante o impulso vital?

Existen personas a las cuales escuchar hablar en jerga, o escuchar una palabra recién inventada o desviada de su uso "normal", les produce urticaria. Les molesta. En el peor de los casos, incluso les duele. "No maltraten el idioma", dicen. No sólo lo dicen: lo exigen. Como si el lenguaje fuera una copa de cristal que debe tocarse con muchísimo cuidado, con suma corrección, porque se puede manchar o romper. Una de estas preocupadas personas es el intelectual Marco Aurelio Denegri, quien ha desarrollado la extraordinaria capacidad -erigido en un insobornable policía de las palabras- de leer poesía como si fuese un artículo periodístico, atento a las incorrecciones idiomáticas.

Sin embargo, el lenguaje es algo en permanente movimiento y transformación: el español jamás se habría formado desde el latín -el ser humano jamás habría abandonado las primeras onomatopeyas- si no fuese así. Un poeta peruano -experto en inventar palabras que hasta ahora ha dejado turulatos a los investigadores- salió al paso de las críticas afirmando: "La gramática, como norma colectiva en poesía, carece de razón de ser.

Cada poeta forja su gramática personal e intransferible, su sintaxis, su ortografía, su analogía, su prosodia, su semántica. Le basta no salir de los fueros básicos del idioma. El poeta puede hasta cambiar, en cierto modo, la estructura literal y fonética de una misma palabra, según los casos".
Lo que nos dice César Vallejo es que el poeta puede jugar con el idioma. Pero, ¿sólo el poeta puede hacerlo? En un manifiesto pro-spanglish, se lee: "Todos podemos inventar palabras, no sólo los científicos, políticos y publicistas". Suena democrático. Además, describe la realidad: es lo que pasa. Alguien tiene una ocurrencia feliz, que es repetida por otra persona: si sirve para comunicar -y si pega- se forma una bola de nieve que terminará en la oficina de la Real Academia. Allí, los nobles funcionarios tendrán que elegir entre la norma y la innovación, entre la vida y la muerte del idioma español. Recordarán las lenguas muertas habladas por los grandes pueblos, y les dará miedo. Porque lenguaje que no se atreve a probar la impureza de la transformación, se detiene. Por supuesto, el lenguaje tiene reglas. Pero, como en todos los juegos, éstas reglas pueden ser quebradas, incentivando el juego, haciéndolo más interesante o transformándolo radicalmente.

La jerga del Callao seguramente no es la misma que se usa en Ate Vitarte o en Villa El Salvador. El spanglish, por otro lado, hablado por la comunidad latina en EE.UU., ha generado tantas simpatías como enemigos. Algunas de sus palabras -glassos, por ejemplo- recuerda al "Nadsat", el idioma -mezcla de ruso, inglés y español- que el escritor Anthony Burgess inventó para que sea hablado por los chicos malos de "La Naranja Mecánica". El lenguaje es una señal de identidad, y las jergas no son cosa distinta. Vienen a ser sublenguajes dentro de un mismo código lingüístico. Pueden identificar a grupos sociales, a barrios de una ciudad, a gremios profesionales, a subculturas urbanas... Lo que importa, siempre, es que sirva para comunicar. También -para los estetas- puede ser importante que suene bien.

Español en la red: Presencia y alteraciones

La peruana Yolanda Rivas, profesora del Departamento de Política y Tecnología de la Comunicación de la Universidad de Texas, y Gerente de Comunidades on-line de Excite, causó gran revuelo cuando hace algún tiempo presentó la primera edición de su diccionario de "cyberspanglish", rápidamente difundido por toda la red. Miles de internautas se lo agradecieron, pero fue maldecida por los defensores del idioma español: había sistematizado la castellanización de todos los verbos y palabras utilizadas en el contexto informático. Por ejemplo, la nada eufónica palabra "uplodear".

Ésta es una de las espinosas aristas que el Español tiene con el Internet: la influencia que el propio medio tecnológico ocasiona sobre él, produciéndose un aluvión de anglicismos, mutaciones y palabras nuevas. También, presentándole dificultades: la letra Ñ se convirtió en el santo y seña, en la punta de lanza, en el emblema del idioma español debido a que el "código estándar americano para el intercambio de información" (ASCII, por sus siglas en inglés) no contemplaba, originalmente, ninguna letra o signo de puntuación que fuera extraño al idioma inglés.

Si bien esta característica de la tecnología norteamericana limitaba (aún lo hace, en caso que no se cuente con el programa adecuadamente configurado) enormemente la difusión del idioma español con todas sus peculiaridades, otra característica de Internet -la transmisión de información a todo el mundo a través de la WWW- permite, en cambio, una enorme posibilidad de expansión que depende de la presencia cuantitativa y cualitativa de sitios Web con contenidos en español.

No existen cifras estables, por la misma naturaleza del medio, pero una investigación de FUNREDES-Unión Latina afirmó que, en el año 2000, el 4.85% de las páginas Web existentes en Internet tenían contenidos en español, mientras el 4.9% de internautas en el mundo eran hispano-parlantes. Los usuarios de habla inglesa, y los Web site con contenidos en inglés son, por supuesto, la gran mayoría.

Lenguaje: Entre el orden y el caos

"Cuando yo uso una palabra", dijo Humpty Dumpty en un tono bastante desdeñoso, "significa lo que yo decido que signifique - ni más ni menos." "La cuestión es", dijo Alicia, "si usted puede hacer que las palabras signifiquen cosas tan distintas." "La cuestión es", dijo Humpty Dumpty, "quién es el amo - eso es todo."Alicia en el País de las Maravillas, Lewis CarrollEl escritor colombiano Gabriel García Márquez se encargó, en 1997, de encender una vez más el debate sobre la reforma de la ortografía castellana. Aprovechó la audiencia de un Congreso Literario de la Lengua Española organizado en Zacatecas, México, para decir que las reglas ortográficas son absurdas e ilógicas, complicando innecesariamente la escritura. Habló de fierros normativos, de simplificar y humanizar la gramática y abolir la ortografía. La propuesta de García Márquez provocó una oleada de reacciones contrarias de académicos, lingüistas y escritores. Al fin, no apoyado por nadie, el autor de Cien Años de Soledad se retractó -parcialmente- de su propuesta, abandonando su quijotesca cruzada.No fue la primera vez que se propuso efectuar modificaciones radicales al idioma español.

En diferentes épocas y ocasiones se plantearon propuestas para modificar radicalmente la ortografía española, sin que ninguna llegara a prosperar. En Venezuela, Andrés Bello; en España, Juan Ramón Jiménez; y en Perú, Manuel Gonzáles Prada, en los siglos XIX y comienzos del XX, ya habían estudiado -con distinta dedicación- este espinoso tema. Todos coincidieron en utilizar la letra "j" cada vez que la "g" tenga el mismo valor fonético: consideraban inútil hacer una distinción escrita a sonidos idénticos. Hoy, uno de los abanderados de esa causa es el pensador español Agustín García Calvo, quien pone en práctica aquella norma popular que dice: "se escribe como se habla". En sus libros, por ejemplo, uno puede leer sin escándalo "istitución" en vez de "institución".

El tema de la lógica y la libertad en el lenguaje nos conduce a los densos pero siempre cruciales terrenos de la filosofía del lenguaje. ¿Es el lenguaje un signo distintivo del ser humano, la prueba universal de su humanidad? ¿Posee el lenguaje humano una gramática y una matriz inconsciente común a todos los seres humanos, como afirma Chomsky y García Calvo?. ¿O el lenguaje es un fenómeno diverso, ilógico y pleno de azar, como dicen Hakim Bey y George Steiner? ¿Es un instrumento que permite conocer la realidad, o simplemente es un medio para construirlas y deconstruirlas a necesidad y placer? ¿Puede ser un arma de dominación? ¿Puede ser un arma de liberación?

Por: Carlos Terreors de Yachay

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posted by michperu, 8:10 p. m.

3 Comments:

Hola mi amorcito,
Siempre me sorprendes con algo más interesante. Esta es una muy buean idea, sin embargo como también sabes puedo ser tu más grande crítica. Encuentro interesante tu artículo pero como sabrás no estoy de acuerdo con la "transformación" de nuestro idioma. El español debe permanecr pura para heresarlo a nuestras futuras generaciones como riqueza intelectual. La gente crea los idiomas Si, pero también debe preservar lo que guarda consistencia y es parte de la herencia cultural.
El español o castellano como se conoce en muchos de nuestros países latinoamericanos debe preservarse en su estructura, fonológia poética y demás.
Tu esposa.
commented by Anonymous Anónimo, 10:24 a. m.  
Es imposible pretender que un elemento tan "eteróclito" (según el padre de la lingüística, Saussure) no cambie. Los usuarios de una lengua determinada son seres en constante cambio, por lo que es imposible evitar que ésta también "sufra" cambios (sin querer, damos características biológicas a una lengua). POr ejemplo, los jóvenes son uno de los principales motores de cambio en una lengua determinada ¡Quiénes mejores que ellos para administrar su "herencia"? El que les entreguemos conceptos diferentes o nuevos, acepciones distintas para una misma palabra, no implica, necesariamente, entregarles una mala herencia.
Debo reconocer que es lamentable que se pierdan lenguas originarias, ancestrales, sobre todo porque implica perder un caudal enorme de conocimientos y visión de mundo. Pero no opino lo mismo del español, que, en realidad, no se está perdiendo... simplemente cambia.
commented by Anonymous Anónimo, 10:26 a. m.  
Te dejo mi blog para visitar que se llama Debate Popular
commented by Anonymous julio, 5:32 p. m.  

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